– Un Momento en Mi Vida

Un Momento en Mi Vida

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Chillaneja

Podría escribir un libro con tantas experiencias maravillosas vividas en estos tantos años en este Ministerio de Relaciones Exteriores, también situaciones no tan maravillosas, pero es increíble que las que han sido de tristeza y dolor han motivado en mi sentimientos de gratitud que a veces es difícil de comprender pero cuando en nosotros vive el Amor con mayúsculas todo se transforma, todo nos fortalece, y fue en uno de esos momentos en que de mi corazón brotó esta reflexión de vida que la comparto porque la Esperanza es para mostrarla, compartirla : “Que sería de mi vida sin la esperanza, sencillamente nada. La esperanza es mi fortaleza, es lo que me impulsa a levantarme, a caminar a pesar de mis dolores físicos y del alma, a luchar a pesar de la adversidad, esa esperanza que viene de vivir en la confianza de ser hija de un Dios que me ama infinitamente y que todo lo que vivo es porque tengo que vivirlo y si lo hago con esperanzas, puedo vivir con alegría, con ganas, con valor, con fuerzas. El ser humano no puede vivir sin esperanza o esperanzas, de hecho, una vida sin esperanza es como un infierno anticipado. La esperanza hace que el hombre no envejezca, mientras que cuando desaparece la esperanza, la persona se marchita, se reseca y al final se muere. La persona esperanzada, es una persona alegre. Por mala que sea su situación, la encontramos serena porque vive en “víspera del gozo”, en expresión feliz. La esperanza es la fuerza más grande del ser humano, es una fuente poderosa de vitalidad ¿Qué pasa cuando un enfermo no espera ya nada? sencillamente se deja morir. Como leí por ahí, “el que espera llegar a la meta, camina”, y al que le falla la esperanza se le quiebran las piernas.

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Pero hay algo que es tan importante y es como podemos ser fuentes de esperanzas para otros, quizás podríamos empezar por no hacer a nadie la vida más difícil de lo que ya es de por sí y no contaminar todavía más el ambiente con nuestro propio pesimismo, con nuestra amargura, con nuestras frustraciones, porque acabaríamos creando entre todos un clima verdaderamente irrespirable. Peor aún, es que con nuestra actitud, le quitamos las esperanzas al otro. La esperanza es muy frágil y delicada, requiere ser tratada con mucho cuidado y a veces con nuestra visión negativa de las cosas y nuestras interpretaciones maliciosas no la dejamos crecer, y lo que es peor aún, actuando de este modo, ponemos de manifiesto lo que somos nosotros mismos por dentro. Las personas esperanzadas son pacientes, porque saben dar importancia al tiempo necesario para que maduren sus proyectos. Nada más lejos de la esperanza que el AHORA MISMO de los impacientes.

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