Un hotel con muchas escaleras

Por: MIGRANTE

Me encuentro en el hotel más moderno y cosmopolita de este lugar. Lo admiro por sus imponentes piletas exteriores, que hacen que sus cascadas de agua parezcan verdaderas cataratas. De noche, las piletas se iluminan y las luces arman una frase de bienvenida: “Bienvenidos al hotel ‘Capital’, un lugar para el buen caminar”. Lo cosmopolita de este hotel se debe -entre otras cosas- a sus más de cien sucursales en todo el mundo. Ello le permite contar con adornos de todo el mundo, desde pinturas típicas rupestres hasta artefactos culturales del posmodernismo. Una particularidad de este hotel, en relación a otros que he conocido, es que tiene muchas escaleras, las que conectan los diferentes pisos para así llegar a cada habitación. Son tantas escaleras –y por consiguiente tantos pisos- que los visitantes suelen decir que casi nadie logra conocer todas las instalaciones del hotel. A menos, claro está, que conozcas a su dueño, quien tiene las llaves del único ascensor apto para recorrer todo el hotel. Imagino lo bello que debe ser estar en el sector piscina o en la zona de esparcimientos.

Pero yo estoy sólo de paso aquí, con ganas de alojar unos días. Antes, sin embargo, ya visité algunos conocidos que se hospedaron en el hotel. Y sus referencias fueron sencillamente increíbles. Ellos, de hecho, siguen hospedando este hotel, aunque están de turistas en otras sucursales. Los vuelvo a llamar para asegurarme que este lugar sigue siendo tan recomendable como antaño y si bien me advierten que algunas cosas han cambiado, me persuaden para alojarme, al menos un tiempo. -“No te arrepentirás”, me animan-. Decido ingresar y hacer mi check-in.

Al comienzo todo parece normal, como cualquier hotel, salvo por la abundancia de escaleras y recovecos. Los huéspedes parecen muy amables. Pronto me doy cuenta que existen tipos de habitaciones muy distintas. Las hay de colores, otras más opacas; hay algunas con puerta y clave de acceso, otras están acomodadas entre los recovecos del hotel. Mi habitación es de nivel intermedio, y la comparto con otros huéspedes.

Han pasado nueve días desde que alojo en este hotel. Aun no conozco, como era esperable, todos sus pisos, y he escuchado rumores que ello se debe a que en los pisos menos visitados, cuyas escaleras son más difíciles de subir, habitan huéspedes especiales. No sé muy bien que hace especiales a estos huéspedes, pero sospecho que son más importantes para mantener el estatus cosmopolita del hotel. Ellos son los que donan obras de artes para adornar este lugar. En estos nueve días a quienes sí he conocido bien es a quienes tiene sus habitaciones en este mismo piso: los botones, las mucamas, los ascensoristas, el personal de aseo, los guardias de seguridad y a un personaje muy especial que apoya las labores estratégicas de este hotel: el limpia-escaleras. Es un hombre todo terreno, con una capacidad admirable para limpiar escaleras y mantenerlas relucientes. Ahora entiendo, entonces, el mensaje de la bienvenida que forman las luces de la pileta. Sin embargo, con mucha tristeza, el limpia escaleras me confesó que no puede limpiar las escaleras que conducen a mi habitación, porque –le ha señalado el dueño- el hotel está atravesando por una delicada situación económica, y es necesario priorizar: “los huéspedes especiales –instruye el dueño- mantienen nuestro estatus”. Comprendo la situación. Mañana haré mi check-out.

Deja un comentario