– Operación Código “Caracol”

Operación Código “Caracol”

Ratón de cola pelada

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Eran pasadas las tres de la mañana cuando el oficial de turno en la Sala de comunicaciones salto de la silla sobre la cual dormitaba, producto del estridente chirrido del teléfono que estaba en su escritorio. Cuántas veces había pedido que le cambiaran el aparato por uno menos bullicioso, sin ningún resultado. Seguro era algún diplomático novato que había puesto mal el papel en la impresora en Malasia o China y que no sabía que hacer con el atasco. Siempre era lo mismo.

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Contestó el teléfono tratando de poner una voz de persona ocupada, aunque resultó extraño el sonido que surgió de su boca al tratar de decir aló en medio de un inoportuno bostezo. Bueno, en fin! Era la hora en que la gente suele dormir, pensó. La voz agitada al otro lado de la línea le pareció conocida y le quedó claro que no se trataba de una llamada de rutina. En pocos segundos se dio cuenta que estaba hablando con un pez gordo de la cancillería que no hacía ni dos meses había sido nombrado Embajador en un importante país limítrofe. Exigía hablar con el Ministro pero no podía ubicarlo en el teléfono que tenía y requería un número dónde localizarlo con urgencia!

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El funcionario se aclaró la garganta y trató de ganar tiempo con un par de frases de buena crianza mientras buscaba entre los papeles de su mesón el número de contacto del diplomático que estaba de turno, ya que ese era el procedimiento normal a seguir en este tipo de situaciones.

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El Embajador no tenía dónde anotar el número, así que le pidió que esperara en línea mientras llamaba al funcionario en cuestión, que recordó era un primer secretario, recién ascendido y que éste era precisamente su primer turno. Nadie respondía en el teléfono de contacto. Claro, era la madrugada del sábado y probablemente el funcionario había olvidado que tenía que dormir abrazado al teléfono. Finalmente alguien respondió entre el bullicio de una música estridente que ahogaba las palabras. Era evidente que estaba en una fiesta, o aun peor, en una discoteque. Con dificultad le explicó quién estaba al otro lado de la línea y qué quería. El Secretario le dijo que en ese momento no tenía los teléfonos de contacto con él pero que le dijera al Embajador que le devolvería la llamada en 20 minutos. El Embajador respondió que estaba en ese momento llamando de la Embajada y que tenía a sus funcionarios trabajando y que le estaba mandando un mensaje “solo para los ojos” del Ministro y que lo tenía que entregar esa misma noche y colgó. Un minuto después, mientras el funcionario de comunicaciones aun estaba con el teléfono en la mano, una página de papel comenzó a surgir de la máquina de fax. Era el mensaje en cuestión. Se lo informó al Secretario quien le pidió que le mandara urgente el mensaje con el chofer de turno y el auto más rápido que tuvieran para que lo pasara a buscar y lo llevara a la casa del Ministro.

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Quince minutos después, el Diplomático, todavía un tanto transpirado por el bailoteo y en una tenida un tanto informal, con un sobre sellado en sus manos apretaba el botón del citófono de la casa del Ministro y esperaba mientras veía como las luces del interior de la casa comenzaban a encenderse y se escuchaban voces que se acercaban a ver quién sería a esas altas horas de la madrugada.

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El a esas alturas nervioso funcionario, comunicó,con la voz más formal que pudoque traía un importante mensaje para el Señor Ministro, del Embajador en cuestión. Lo recibió éste en su despacho, envuelto en una bata puesta a la ligera y con unas alpargatas que habían tenido tiempos mejores, pero que se notaba se habían amoldado perfectamente a su dueño. Tomó el sobre que se le presentaba, lo abrió sin mayor ceremonia, sin hacer caso del abre cartas que estaba sobre el escritorio y dio una rápida mirada al contenido. Luego levantó la vista y observó al pobre secretario que hacía rato tenía ganas de pasar a las casitas pero que no había parado ni un segundo para dar cumplimiento a su importante cometido. El Ministro le preguntó si había leído el contenido del mensaje o si había hablado con el Embajador sobre el mismo. El funcionario le aseguró que ni lo uno ni lo otro. El Ministro pareció aliviado. Además sabía que el funcionario de Comunicaciones siempre tomaba este tipo de mensajes por el reverso, por un principio de ética profesional. El secreto estaba a salvo. Se acercó a la máquina trituradora y destruyó la única copia impresa que existía del mensaje. Ya hablaría después con el Embajador en cuestión sobre el procedimiento poco atinado que había utilizado.

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Se acercó al diplomático, le estrechó la mano mientras le hacía repetir su nombre y le felicitaba por su proceder. Luego lo acompañó hasta el hall de entrada donde una somnolienta empleada esperaba para acompañarlo a la puerta de salida ylo despidió para luego, presuroso, subir a sus habitaciones.

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Antes de partir, el joven diplomático pidió permiso para pasar al baño, el que se ubicaba bajo las escaleras que conducían al segundo piso. Sin querer, alcanzó a escuchar parte de una conversación que lo dejó helado. El ministro le decía a alguien en un tono que no admitía réplica, pero que a la vez implicaba un reproche:

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“Dice tu tío que PROVAL remitirá las cremas de baba de caracol que le pediste antes de partir”.

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Los nombres y cargos han sido cambiados para proteger a los inocentes.

En esta historia no se ha maltratado a ningún animal.

Tomado de hechos reales de la vida imaginaria.

3 thoughts on “– Operación Código “Caracol”

  1. Alejandro Vergara G.

    Lejos el mejor relato… me mantuvo interesado hasta el final, siendo éste de una realeza impresionante… felicitaciones al Ratón de cola pelá

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