– La Destinación Feliz

La Destinación Feliz

MISO

En aquél país los simples atardeceres constituían el máximo beneficio con el cual el funcionario podía terminar su día. Hace cinco años que se encontraba ahí y simplemente no se aburría de contemplar el sol escondiéndose en el horizonte. Había sido trasladado sin ninguna previsión, como normalmente sucedían las cosas en su vida, y hoy a unas semanas de partir, consideraba que aquello había sido una bendición.

.

Simplemente nunca dejó de disfrutar el benigno clima de la ciudad, las cómodas instalaciones de su barrio, y la calidez de su gente. Pero por sobre todo, la belleza de las mujeres de aquel país. Simplemente eso valía la pena. Esbeltas, doradas, sonrientes. Por donde quiera que pasara, el sexo lindo era definitivamente el don de aquél país.

.

Recordaba entonces como había sido bendecido por el amor de aquellas mujeres. Un amor dulce, alegre, siempre juvenil. Quizás el mismo entorno paradisiaco hacía que encontrara aquellas mujeres que nunca vio en su país. Jazmin, Rosa, Violeta, algunas de aquellas bellas flores que hicieron cada uno de sus días más agradables en aquél lugar lejano a su hogar.

.

Pensaba que haría al irse, al volver donde todo era seriedad, donde ya no respiraría el perfume dulce con que cual acostumbraba a amanecer. Tenía que despedirse. Agradecerles cada uno de sus momentos de felicidad.

.

La fortuna había permitido que tuviese una linda casa en las colinas de la ciudad. Adornada por distintas flores y plantas, cada una recordaba a alguno de sus amores, así como la música de su repertorio había sido delicadamente complementada por aquéllas.

.

Quizás el jardín de aquella casa hubiese un lindo consuelo, en ausencia del perfume de mujer, que por suerte no le faltó. Adoraba su jardín. Sus plantas, le daban el descanso necesario cuando ocasionalmente alguno de sus amores le daba algún pleito de egoísmo al no tener el tiempo suficiente.

.

Para despedirse, organizó una cena, una linda velada. Empezó por aquella morena de ojos verdes que vio a los días de llegar y con la cual aun tenía cordiales tardes de sol en la playa. Una noche de estrellas fue el perfecto escenario para la despedida.

.

Piel canela de largo cabello, fue a despedirse al día siguiente. La esbelta deportista, quizás una de sus preferidas, fue después. Ojitos de miel, al otro, y así fue completando la dulce tarea de despedir a sus amores que lo habían acompañado durante su estadía.

.

Finalmente, quedaba aquella bella de rojizos cabellos. Sin embargo, ella no pudo ir. Pues vivía fuera de la ciudad y en esos instantes le era imposible ir. Pero él no concibía irse sin darle a aquella maravilla las gracias por hacerle más grata su vida durante cinco años.

.

Decidió tomar su deportivo, conducir contra el viento por el camino costero, para ir a verla. Ella lo recibió sonriente, amable, cariñosa como siempre. En otras circunstancias, quizás habría sido la única con quien habría compartido su vida.

.

Fue un último fin de semana maravilloso. Que más podía pedir aquél afortunado? Simplemente volvía feliz a su tierra.

.

Al volver, miró su casa antes de llegar. Sin embargo, algo le pareció distinto. El tradicional verde, los colores vivos de las flores de su jardín preferido ya no brillaban desde lejos. Aquello le extraño mucho pues solía ser la antesala de su hogar.

.

Al acercarse, empezó a comprender. Todas sus flores, todas sus plantas e incluso sus cuidados arbustos habían sido cortados. Una sensación helada recorrió su cuerpo al ver semejante espectáculo, pero lo que vió al acercar el auto a su casa fue aún más impactante.

.

Alrededor de las escaleras que daban a la puerta principal, estaban todas sus mujeres. Todas juntas, todas con alguna rama, flor, o pedazo de su jardín en sus manos. Sonriendo vengativamente. Al centro, la bella de cabellos rojizos, con la flor más preciada del jardín en sus manos. Todo completamente destruido por aquellos amores de aquél país.

.

Luego de verlo, ellas se fueron. El quedó sin habla. Se iba y no podía asimilar algo que siempre había temido. Las vio alejarse una a una. Al final, la bella colorina, no resistió y simplemente, volvió y sonrió con ternura.

.

Entonces comprendió. Era algo que tenían que hacer, era mostrar su disgusto ante algo que debían. Era comprender que pese a todo, siempre lo habían querido, que lo entendían. Pero que simplemente debía hacerse así. El entonces sonrió, miro al cielo, y dio gracias por aquellos maravillosos 5 años.

Deja un comentario