– Flashback

FLASHBACK

Romántica

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Finalizaba la década de los 80, mi colega y amiga Ximena llegó una mañana del mes de abril al 5 piso de Bandera 52.Realizaría su práctica en la Dirección Nacional de Fronteras y Límites del Estado del Ministerio de Relaciones Exteriores.Perfectamente maquillada y peinada, vestida con un trajecito ajustado de falda y chaqueta, además de zapatos con taco. Atrás quedaban sus jeans que acompañaron diariamente su vida universitaria, por aquellos años ninguna mujer podía osar entrar a trabajar al Minrel con pantalones, se veía guapa, sin embargo, estaba un poco nerviosa y no era por los tacos precisamente.En el Proyecto de Práctica, se indicaba que debía realizar un Gráfico de “Poligonación, Triangulación y Vinculación de Hitos de la Sección X con Argentina”, sonaba a complejo y de un hermetismo total.

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Recuerdo que los viernes solíamos juntarnos para conversar un café. Uno de esos días me contó que se sentía profundamente atraída por el Comandante, que era el representante del Ejército en la Difrol (cargo que ya no existe).También, dijo que él era simpático, estupendo, inteligente, maravilloso y todas esas cualidades que las mujeres pensamos, o queremos pensar, que tienen los hombres que nos mueven el piso y que nos hacen sentir mariposas en el estómago.

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Planificamos que yo debía conocer al hombre objeto de la pasión de mi amiga, entonces me pidió que la esperara afuera en el patio, sentada en uno de los escaños, donde se sentaban todos los que iban a buscar a alguien. Yo comencé a observar a todos los hombres que pasaban y de pronto apareció él, físicamente era como ella lo había descrito, alto y buenmozo, así como un galán de cine clásico, me imaginé a Clark Gable bigotes incluidos, él pasó sin saber que yo lo espiaba. A los pocos minutos bajó mi amiga y nos fuimos conversando de su nuevo amor platónico. Ella, se sintió enamorada esos 90 días, y logró acercarse a él, se las ingeniaba para cada día entrar a su oficina, y estaba convencida que manejaba este tema con absoluta discreción. Ella disfrutó ese amor en silencio, aunque es preciso aclarar que fueron solamente amigos, jamás hubo otro tipo de relación entre ellos.

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Al año siguiente, yo hice mi práctica en la DIFROL y compartí bastante con el Comandante quien, efectivamente era un hombre muy agradable. Alguna vez mi amiga fue a buscarme y tuvimos más de alguna conversación los tres, pero ya no era la misma magia del año anterior.

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Del Comandante, nunca más supe, a mi amiga la veo frecuentemente, en estos momentos trabaja en una empresa de ingeniería y acabo de llamarla, me ha autorizado contar esta historia, su historia.

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Un día conversando con un colega, éste me preguntó: ¿Bueno, y todavía le gusta el Comandante a la “Sita Xime”?, y yo absolutamente sorprendida exclamé:“¡cómo, usted sabía!”, a lo que él respondió: “yo me di cuenta, creo que todos se dieron cuenta…”. Esto me hizo entender que cuando alguien nos importa, los demás se dan cuenta, pero no porque sean más perceptivos, sino porque el amor se nos escapa, porque nos desborda, porque nos hace vivir.

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