El Secreto del Difunto

(Chichy)

Cuando entre a trabajar al Ministerio, desconocía que labor iba a realizar. Una vez destinada al Departamento de Registro civil, comencé a plasmar una experiencia que me ayudaría con los trámites formales del departamento. Pero aquella formación no me preparo para lo que hay detrás de todo documento: una historia humanay en el caso que contaré se entrelazan historias de engaños, traiciones y mentiras, mejores que los guiones de telenovelas. Y para este relato se han cambiado las identidades de los involucrados, por que… ¿A quién le gustaría ver su nombre plasmado en este caso tan insólito y saleroso?

Una vez me solicitaron la defunción de una persona que llamaremos “Rogelio Aurelio “. Este personaje falleció en Caraca y estaba casado en Chile con Doña Irene Jorquera Ruiz, matrimonio celebrado en Estación Central en el año 1936. De ese matrimonio nacieron cuatro hijos y como el dinero no alcanzaba para mantener a su familia tan numerosa, Don Rogelio se fue a buscar fortuna a Caracas. Lehabía contado a su familia que los llevaría a vivir con él, una vez establecido en el país. Pero al pasar los años su esposa fue perdiendo poco a poco contacto con él.Me conto, que mientras él estaba en Caracas, la llamaba cuatro veces a la semana,luego dos veces al meshasta que no supo mas de él.

En el año 1995, se entero por unos cercanos, que aquel hombre había muerto. Nos conseguimos los datos del fallecido para poder solicitar a Caracas elCertificadode defunción. Una vez obtenido, ella podría cobrar unos dineros que había dejado en una libreta de ahorros y la pensión de viudez. Tenía la esperanza de cobrar estos beneficios en Chile.

El problema que se presentaba en ese momento era el tiempo que demoraba dicha solicitud, ya que se podía extender por más decuatro meses. No sabíamos que en aquel período de espera se revelaría en “los malospasos “que anduvo el difunto. Una vez enterada de la duración del trámite, ella no tuvo inconveniente de esperar.

Pasaron 2 meses aproximadamente sin tener respuesta aun del trámite, un díase presento en nuestra oficina una persona, con el propósito de Inscribir la defunción de su cónyuge, el cual habría fallecido en Caracas en el año 1999, se realizo eldicha gestión como siempre y se mando a solicitar la inscripción. Esta señora se llamaba Irene Jara Ortiz.

Finalmente, una vez que llego la inscripción de Defunción de Don Rogelio, se oficio en forma urgente y se aviso a la cónyuge, doña Irene Jorquera Ruiz para que viniera a buscar los antecedentes. Mientras esperamos por unos días su llegada, llaman por teléfono y me preguntan si esta listalaInscripción de defunción que solicito Doña Jara Ortiz y se informo que si.

Ambas llegaron con sus hijos el mismo día a buscar los antecedentes, como no estaba habilitada la sala de espera, se ubicaron dentro de la oficina. Atendí primero a una de las señoras y me indica que viene por el caso de la defunción de don Rogelio se escuchó a viva voz el nombre del fallecido y la otra persona exclamo: ¡Yo también vengo por esa defunción! Comienza el diálogo entre las dos mujeres: ¿Cómo? ¿Usted también? Luego de una pausa, sorprendida pregunta: Y…. ¿Qué es usted del fallecido? Y pronuncio aquellas palabras que explican porque relato este suceso: ¡Su esposa!

Empezamos a revisar la documentación y fue en ese momento que nos llevamos una gran sorpresa. El fallecido Rogelio Gonzalez Romero se había casado en Chile dos veces. La primera vez con Irene Jorquera Ruiz y la segunda con doña Irene Muñoz Sepulveda, ambas tenían su Certificado de Matrimonio y Libreta de Familia. Ya que en esos años los matrimonios quedaban en forma manual en el Registro Civil, no podíamos saber si este señor estaba casado anteriormente.

A la primera señora le dijo que se iba a Caracas en buscar de fortuna, pero no fue así. Estuvo viviendo en Chile, y en ese lapso se caso por segunda vez en el año 1965, de este matrimonio nacieron dos hijos. Después de un tiempo esta persona realmente se fue con un amigo a Caracas a establecerse en ese país, como se lo dijo a su segunda familia y que después los mandaría a buscar. Pero allá encontró un nuevo amor, se volvió a casar y nunca más se tuvieron noticias de él, hasta que falleció.

Ellas no podían creer que el difunto las había engañado por largos años y que ambas estaban casadas con el mismo hombre. Imagínense las caras de ambas y de sus hijos, no sabían que tenían una relación muy cercana… Lamentablemente la segunda esposa no recibió nada, y eso que realizo todos los trámites, que beneficiaron a la primera esposa. Y como bien dice el dicho: “Nadie sabe para quién trabaja.”

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