– El Extraño Caso del Meridiano Tortuoso

El Extraño Caso del Meridiano Tortuoso

Hiparco

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La primera vez que escuchó el relato tuvo la vaga sospecha que el expositor padecía de algún tipo raro de afasia de Wernike: su discurso era fluido, con una construcción y sintaxis impecable; pero el análisis somero de los planteamientos parciales iba mostrando, la discordancia existente entre ellos para finalmente concluir en una inconsistencia inadmisible con los supuestos que definían a las entidades esenciales. Al parecer, todos concordaban en que la conclusión final se ajustaba, indubitablemente, a lo pactado, ejecutado y refrendado.

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Con el afán de esclarecer algunos puntos difusos, consultó exhaustivamente las publicaciones atingentes aparecidas durante los últimos cien años, su estupor fue en aumento al constatar que los distintos autores daban explicaciones incompletas sobre los aspectos conflictivos, los más astutos, soslayaban las fisuras latentes mediante elegantes y artificiosos circunloquios que nada aportaban a comprender la lógica subyacente en el asunto. Le era imposible deducir, mediante un razonamiento concatenado, lo que se mostraba como la solución final e irredargüible. La zozobra lo arrastró a un estado de turbación insana en el cual confundía las operaciones asociativas y conmutativas más elementales; la certeza de la lógica binaria se trastocaba; las geometrías se derrumbaban por el peso de sus dimensiones; la trayectoria de un corpúsculo era impredecible; el universo era finito pero ocupaba espacios ilimitados. Recordó vagamente a un compañero de colegio, ahora miembro de la Academia doctorado en lingüística experto en gramática y lexicografía, fue fácil encontrar su email y concertar una entrevista en la cual le entregó los antecedentes minuciosamente recopilados y el correspondiente listado de puntos que él considera obscuros, no del todo coordinados o directamente incompresibles. Acordaron reunirse dentro de una semana en un café del barrio Lastarria, el día y la hora sería anunciado. Su inquietud y confusión crecían. El análisis recurrente de los mismos argumentos y el insomnio conspiraban en contra su equilibrio mental, consultaba en el computador varias veces durante el día y la noche su cuenta de correo, finalmente, a la hora convenida se presentó en el café, estragado y macilento, a escuchar el informe que daría el veredicto final al ya oprobioso asunto. El académico reconoció que no era su especialidad el lenguaje jurídico referente a operaciones técnicas que no dominaba, no obstante el diagnóstico fue notablemente certero: analizados los párrafos como unidades independientes y dentro de ellos las clausulas principales y las subordinadas y coordinadas dentro de estas; se apreciaba que las estructuras gramaticales y las flexiones de las acciones y sus complementos eran perfectas; al entrar a un análisis más profundo se advertían descoordinaciones y distorsiones a nivel semántico que contrariaban la lógica de los planteamientos iniciales diluyendo y difumando su sentido esencial; agregó también, que todo ello podría corresponder a un metalenguaje desarrollado por los hechores del asunto, y que, siguiendo las ideas de Noam Chomsky, no le fue posible encontrar las leyes de su estructura.

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Al día siguiente fue citado a un sumario administrativo-psicológico. Se le hizo presente que debía abandonar, definitivamente, sus dudas y aprehensiones, que había llegado a la encrucijada de la cual nadie volvía, que su actitud pertinaz se aproximaba a la falsificación ideológica, a la traición; se le conminó a abjurar públicamente de sus elucubraciones y reconocer que el asunto había alcanzado el estatus sublime de lo intangible; y soportó estoicamente el latigazo que le propinaron: ¡Res judicata pro veritate accipitur!.

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La tercera persona de la Trinidad Suprema nombraba al meridiano. Había sido trazado con instrumentos rudimentarios en el siglo pasado, rectificándolo de manera que lo hacían divagar levemente en la región de los páramos, al salvar dos lagos innominados se produjo la primera dislocación, el choque con la sierra nombrada con el seudónimo literario de la reina de Rumania fue el segundo, la imposibilidad de seguir hacia el Sur fue el tercero y más impredecible, aquí intervino una coordenada misteriosa: el tiempo universal conservado dentro de un cronoscopio. Faltaba la estocada final, un nuevo Acuerdo trazó la proyección del meridiano hacia los mares australes con una referencia inasible pero con precisión excelsa utilizando la Hipparcos Celestial Reference Frame. Se cernía sobre el meridiano el espectro del rumano Popper que cegado por el brillo del oro, confundió los Andes con los Cárpatos, traicionó al espíritu de su reina y exterminó al pueblo selknam.

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Bienestar lo derivó a un psicoterapeuta que había tratado los casos más freak del Ministerio; era un profesor de filosofía con licenciatura en epistemología y ontología hegeliana, que para sobrevivir, atendía por Fonasa Nivel 2. De vuelta de la tercera sesión ya comprendía a sus detractores, sentía que los podría justificar y presentía, que incluso aun, los llegaría a amar. Era medio día en pleno verano, en el centro mismo de la plaza, cayó fulgurado por una luz inmensa que no proyectaba sombras, sus moléculas de carbono se iban transformando en una túnica de grafeno iridiscente, en un instante fugaz tuvo la visión total del funcionamiento de la maquinaria del universo, con sus últimos estertores gritó: ¡Eureka! ¡Eureka!. Sintió que no todo estaba perdido: Greorg Cantor había dejado abierto un abanico insospechado de posibilidades, la solución llegaría mediante una nueva teoría de conjuntos algebraicos desarrollados a partir de una lógica de anillos de Galois que fuera representativa de un espacio topológico adimensional.

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Un grupo de turistas inquiría cuáles eran sus últimas palabras, el guía después de varios intentos con su ipod, exclamó finalmente: Oh shit, I found it!. Una elipse de curiosos fue rodeando en silencio el cadáver aun palpitante. Felizmente, no perturbaban el tránsito.

3 thoughts on “– El Extraño Caso del Meridiano Tortuoso

  1. Rene Ortega

    Simplemente sublime! Hiparco, tienes mi voto y mis felicitaciones. Eres un escritor consumado.

  2. Cecilia Zamorano Vásquez

    Hay que leerlo con calma, quizás más de una o dos veces, para entender su magnitud, sin embargo, cautiva, se nota oficio en el arte de escribir.
    Mi voto para Hiparco.

  3. Gustavo Gonzalez

    Aprovecho de felicitar a los organizadores por el excelente nivel de los trabajos presentados, cuyo primer lugar lo ocupa, sin duda, HIPARCO.

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