Día de Locura

“el mundo es locura ante los ojos de dios”

Autor (seudónimo): Yazna

Casi sin darme cuenta me vi involucrada en el peor embrollo de mi vida. Tanta angustia no cabía en mi cartera, ni mucho menos en mis bolsillos, de ahí que solo atinara a correr. Estaba al tanto de que situaciones como éstas se escribían en la prensa todos los días y, debo admitir, que nunca me importaron mucho que digamos, ya que, cada vez que las leía en los diarios o las contemplaba en las crónicas policiales de la televisión abierta, no me movían ni un pelo, la indiferencia se apoderaba de mi atención y, en un dos por tres, daba vuelta la página o, consecutivamente, cambiaba de canal. Así que, con paso firme, me oculté entremedio de la multitud. Bajé lo más rápido que pude por esas malditas escaleras, que, hoy por hoy, me tienen toda adolorida, esto porque, siempre he pensado, que los ascensores no son muy buenos amigos para guardar secretos, estaba segura de que si alguien me hubiera visto, mi rostro habría delatado mi completa y profunda complicidad, aun cuando no supieran nada de mí, ni de mis actos. En fin, digamos que no fue fácil descender corriendo dieciséis pisos con estos nefastos tacones que, día a día, me acortan lo poco de vida me queda.Con suerte lograba sostenerme de pié, estaba temblando, no sé si por efecto del cansancio o del pavor ante lo que había hecho en las oficinas de la Dirección de Asuntos Culturales. Por cada paso que daba, volvía a mí la angustiante sensación de miedo, sabía que lo que había hecho no tenía sentido en estos tiempos donde la razón utilitarista domina los campos del saber humano y la irracionalidad es aislada y constreñida bajo las rejas de las cárceles, acilos y casas de locos.

Una vez en la calle, lo vi a él, estaba en shock, aturdido e increíblemente exasperado, su rostro y sus gritos angustiaban a todos los que pasaban por su lado. No sabía qué hacer, quizás yo tenía tanto miedo como él, después de todo, siempre he buscado ser una persona correcta, de hecho, persistentemente he luchado por la verdad, la justicia y la razón. Claro, la razón, esa misma que día a día les enseño a mis hijos y que los medios de comunicación masiva olvidan. Dios mío, vivimos en una completa irracionalidad, muerte y lucha de clases zozobra nuestro paisaje urbano, somos completamente insensibles, estamos anestesiados, somos devorados por esta supuesta idea de razón, somos parte una rutina que nos fragmenta y disocia. Pero hoy no, porque hoy cometí el único y gran acto de irracionalidad consiente de mi vida y, a sabiendas, claro, no me arrepiento. Quizás sea un mal ejemplo para mis hijos, pero ellos nunca lo sabrán, en realidad nadie lo sabrá, porque la angustia es demasiado grande, y viviré con ella, con el secreto, sólo para sentirme viva, para sentir que padezco, tanto o más, como el mendigo pobre de la esquina.

Así que, haciéndome la loca y con tono gracioso miro al cielo y digo:

– Juro por Dios que no volveré a esconderle las llaves del auto a mi Director.

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